Toda la vida, siempre que me preguntaban cual era mi estación preferida, contestaba que la primavera sin pensármelo dos veces.
Hace un par de años, tras el transcurso de un verano bastante caluroso, llegó como siempre el otoño, y acostumbrada a salir a la puerta a recibir los rallos de sol suaves y templados del fin del verano. Me encontré que sin darme apenas cuenta el paisaje se había transformado ya en paletas doradas, rojas y bronce.
El estómago se me encogió ligeramente al comprobar que la llegada del mal tiempo acudía incipiente para cubrir de agua, frío y días grises mi vida durante los próximos 5 meses.
Tras disponerme a desayunar, mi padre entró por la puerta frotándose las manos con gesto alegre. Comentando la belleza que para el tenía el mes de octubre, tan colorido, calmado y agreste.
Sin vacilar en muchas mas explicaciones “El” y tras terminar el refrigerio “Yo”.
Salí por primera vez (sin saberlo aún), a pasear disfrutando de la humedad, de la escala de rojos, naranjas y marrones y de todo lo que este mes tan “desabrido, áspero y desapacible” nos puede ofrecer a los sentidos.
Hoy dos años después, es de nuevo octubre, y en esta ocasión, no he sentido esa desagradable sensación al contemplar el panorama, porque he llegado a tiempo para descubrir el encanto que contienen estos días.....
Sara.
Hace un par de años, tras el transcurso de un verano bastante caluroso, llegó como siempre el otoño, y acostumbrada a salir a la puerta a recibir los rallos de sol suaves y templados del fin del verano. Me encontré que sin darme apenas cuenta el paisaje se había transformado ya en paletas doradas, rojas y bronce.
El estómago se me encogió ligeramente al comprobar que la llegada del mal tiempo acudía incipiente para cubrir de agua, frío y días grises mi vida durante los próximos 5 meses.
Tras disponerme a desayunar, mi padre entró por la puerta frotándose las manos con gesto alegre. Comentando la belleza que para el tenía el mes de octubre, tan colorido, calmado y agreste.
Sin vacilar en muchas mas explicaciones “El” y tras terminar el refrigerio “Yo”.
Salí por primera vez (sin saberlo aún), a pasear disfrutando de la humedad, de la escala de rojos, naranjas y marrones y de todo lo que este mes tan “desabrido, áspero y desapacible” nos puede ofrecer a los sentidos.
Hoy dos años después, es de nuevo octubre, y en esta ocasión, no he sentido esa desagradable sensación al contemplar el panorama, porque he llegado a tiempo para descubrir el encanto que contienen estos días.....
Sara.
